Llamar el mismo viernes para reservar mesa de quince personas.
Ese es el error número uno y lo vemos cada semana. No es el único. Organizar una comida o una cena para un grupo grande tiene sus trampas, y casi todas se pueden evitar con dos o tres decisiones tomadas a tiempo. Vamos con las más habituales.
Error 1: reservar con dos días de margen

Para dos personas, entre semana, no pasa nada. Para doce, un sábado, sí pasa.
Las mesas grandes son limitadas en cualquier local. No es que no queramos sentaros: es que físicamente hay un número concreto de mesas que admiten grupo, y se van ocupando por orden. Cuanto antes lo bloquees, mejor sitio te llevas.
Corrección: en cuanto tengas la fecha, aunque no tengas el número exacto de gente, avisa. Ajustar comensales después es fácil. Encontrar mesa el viernes por la tarde no lo es.
Error 2: no decir cuánta gente sois de verdad
«Seremos unos ocho o nueve, o diez, o por ahí.»
Esa frase se traduce en una mesa mal montada. Ocho y doce no se sientan igual, no se sirven igual y no ocupan el mismo espacio. Si al final aparecen catorce, hay que improvisar en plena noche y eso lo nota todo el mundo, empezando por vosotros.
Corrección: da un número, aunque sea aproximado, y confirma dos días antes. Preferimos que digas «somos doce, quizá catorce» a que digas «unos cuantos».
Error 3: elegir el sitio solo por la comida
Se come bien, sí. ¿Y después?
Muchas cenas de grupo se mueren en el postre. La gente termina, mira el móvil, alguien propone ir a tomar algo, se dividen en tres coches y la mitad se va a casa. Se acabó la noche que tanto costó organizar.
Corrección: elige un sitio donde la noche pueda seguir sin cambiar de local. En nuestro caso, el mismo espacio es restaurante, bar de copas y discoteca, así que se cena y se continúa sin que nadie tenga que coger el coche. Puedes ver la carta y el espacio en la página de nuestro restaurante en Palau-solità i Plegamans.
Error 4: pedir cada uno lo suyo
En una mesa de cuatro funciona. En una de quince es un desastre logístico: quince platos distintos, tiempos distintos, medio grupo comiendo mientras el otro medio espera.
Corrección: platos al centro. Bravas, coca escalivada, hamburguesa wagyu, costilla a baja temperatura. Se comparte, sale todo a la vez, y nadie se queda mirando cómo comen los demás. Es más barato, además.
Error 5: no avisar de las alergias hasta que llega el plato
Es incómodo para todos y, sobre todo, es peligroso.
Corrección: al confirmar la reserva, di cuántas alergias o intolerancias hay y de qué tipo. Con eso, la cocina lo tiene resuelto antes de que os sentéis.
Error 6: dejar el pago para el final sin haberlo hablado



La cuenta llega, empieza el baile de tarjetas, alguien saca la calculadora, otro dice que él no bebió. Quince minutos de tensión que arruinan una buena noche.
Corrección: decidid antes de venir cómo se paga. Bote común, a partes iguales, o una persona paga y luego se ajusta. Cualquiera vale. Improvisar, no.
Error 7: no avisar de que es un cumpleaños
Este me duele especialmente, porque tiene arreglo fácil.
Si nos lo dices al reservar, preparamos la mesa acorde, dejamos la tarta lista para el momento y colocamos al grupo donde se pueda montar el jaleo sin molestar a la mesa de al lado. Si nos enteramos cuando alguien saca una vela del bolso, hacemos lo que podemos.
Avísalo. Y si lo que quieres es algo más grande, con zona reservada y música propia, se monta como fiesta privada y cambia por completo. Dinos qué tienes en mente y lo preparamos contigo.
El error más caro
Reservar en un sitio que no admite grupos grandes y darse cuenta al llegar.
Pasa. Alguien reserva por internet sin especificar el número, llegan trece personas y el local tiene mesas de seis. Entonces toca sentarse separados en dos mesas, la mitad del grupo no habla con la otra mitad y la cena que se organizó durante un mes se convierte en dos cenas distintas en la misma sala.



